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Infinito es mi agradecimiento por tantas causas a la Asamblea Nacional. Recibida la invitación de la Academia Nicaragüense de la Lengua Española y de la Embajada de España para visitar este hermoso país, me encontré con la afortunada sorpresa de que la Asamblea Nacional me había concedido su “Medalla de Honor en Oro”. Quiero suponer que el ocupar en estos tiempos la dirección de la Real Academia Española y la presidencia de la Asociación de Academias de la Lengua Española me ha permitido alcanzar este alto honor. La Real Academia Española, que este año cumple tres siglos de existencia, es una institución dedicada plenamente al estudio de la lengua y de la literatura españolas. Desde agosto de 1713 los académicos dedicaron todo su esfuerzo a tareas que se engarzan con la mejor tradición filológica. Se trata, pues, del intento constante de comprender todos los elementos lingüísticos insertos en su contexto histórico. Aquellos beneméritos académicos de los inicios del siglo XVIII lograron acabar en muy pocos años, de 1713 a 1739, el magnífico diccionario en seis gruesos volúmenes que ha sido la base teórica y el soporte técnico para las siguientes 22 ediciones de la obra lexicográfica. El siglo XVIII vio también la publicación de la Ortografía (1741) y de la Gramática (1771), acompañadas de concursos literarios que premiaron a los jóvenes escritores mientras que los académicos organizaban con todo cuidado la excelente edición ilustrada del Quijote cervantino en 1780. Así se han ido sucediendo los trabajos de la Real Academia Española, corporación dotada con la admirable capacidad integradora de los estudios filológicos que se manifiesta en la incorporación actual de las más complejas aplicaciones informáticas.

La independencia de las jóvenes repúblicas americanas a comienzos del siglo XIX no supuso una diáspora de trabajos sobre el idioma sino que planteó desde los trabajos gigantescos de don Andrés Bello la realidad de la dimensión americana de la lengua española en un conjunto de obras que se encabezan por las del colombiano don Rufino José Cuervo. Poco a poco, desde 1871, año en que se funda la  Academia Colombiana, se van creando todas las Academias de América y de Filipinas.

En el año 1951, Miguel Alemán, a la sazón presidente de los Estados Unidos Mexicanos, impulsó la creación de la Asociación de Academias de la Lengua Española que, a partir del Convenio Internacional de Bogotá de 1960, adquiere sólidas relaciones interacadémicas que permiten que desde 1999 todas las obras sean responsabilidad del conjunto de las corporaciones. Tengo que confesarles que el primer día que yo me senté junto a los directores y presidentes de las academias americanas sentí una profunda emoción. La Fortuna quiso que ese día, 17 de julio del año 2011, fuese la conmemoración del primer centenario de la muerte de don Rufino José Cuervo. La misma emoción, con idéntica intensidad, he sentido en las dos reuniones sucesivas a las que he tenido el honor de poder asistir; la última, la semana pasada, en la ciudad de Panamá, reunión en la que se presentó la red informática que une a todas las academias con aplicaciones básicas para el trabajo conjunto. Por una parte estas aplicaciones van a permitir continuar los trabajos tradicionales (diccionarios, gramática, ortografía) y por otra van a iniciar obras nuevas, originales, que intentarán completar dimensiones inéditas en los trabajos académicos. Además, en esta reunión de la Asociación de Academias se tomaron decisiones que tienden a favorecer la unidad de las obras futuras y la universalidad hispánica tanto en la redacción de textos como en la búsqueda de ejemplos apropiados.

En estos solemnes momentos, me es muy grato poderme referir a estos acuerdos recientes de carácter panhispánico que, a su vez, culminarán en la construcción de una potente plataforma informática  que pueda hacer competitiva a la lengua española en los trabajos del inicio del siglo XXI. Esta tarde la Academia Nicaragüense de la Lengua Española va a inaugurar su nuevo sitio electrónico con el que se va incorporar a un mundo nuevo en un espacio sin fronteras.

Todos estos puntos enumerados rápidamente me permiten suponer que la alta distinción que recibo se debe a todos los esfuerzos que durante siglos a favor de nuestro idioma ha realizado la Real Academia Española y a todos las tareas actuales de querida Asociación de Academias que trabaja día a día, con solidaridad internacional, en trabajos que como quería el poeta Juan Ramón Jiménez son “trabajos gustosos”.

En este mismo año, se ha celebrado en la vecina Costa Rica una reunión de algunas academias para tratar un tema sumamente actual: la función social de las Academias. ¿Cuál debe ser en los momentos presentes la función y la responsabilidad académicas ante la sociedad? Es indudable que hoy los problemas son muy diferentes a los que existían cuando se crearon estas instituciones: hay que tomar la decisión de que el servicio público es una tarea prioritaria y aunque las academias no tengan competencias legales sobre la enseñanza reglada sí que pueden ser instituciones capaces de impulsar trabajos de ayuda, de información y de cooperación con la enseñanza, a la vez que funcionen como fuerzas motrices para colaborar en el estudio y el cuidado de la lengua. La última mesa redonda del Congreso de Panamá tuvo lugar con la asistencia de los ministros de Educación de varios países americanos, entre ellos del Ministerio de Educación de Panamá, cuya ministra había enviado como becarios al evento 1.200 profesores.

Esta visita me ha permitido cumplir un sueño: hacer míos los paisajes que antes sólo aparecían en los libros. Estoy realmente deslumbrado por la subida al volcán Masaya, por el paseo en lancha por las bellísimas aguas del lago Cocibolca, por el callejear por la ciudad de Granada. Me queda el deseo de ampliar esta visita en el futuro con la debida calma.

En el año 1935 un atractivo profesor navarro, Amado Alonso, que dirigía el Instituto de Filología de Buenos Aires, planteaba los problemas de la lengua en América en una obra de este mismo título. En esta obra se publicaba un estudio muy importante dedicado con toda admiración a Jorge Luis Borges sobre la lengua en la Argentina. Este estudio delineaba los aspectos básicos de la lengua literaria en su universalidad frente al carácter ocasional de la lengua oral. Arrancaba Amado Alonso de dos obras fundamentales: los ensayos de Unamuno En torno al casticismo (1895) y del libro España contemporánea (1899) de Rubén. En él advertía Rubén “que la prosa de todos los escritores españoles se parecía extraordinariamente.” “Todas las prosas […] a ojos de Rubén y de Unamuno, —continuaba Amado Alonso— eran una sola prosa: el esfuerzo de cada escritor se dirigía a eliminar su posible estilo personal de la lengua que manejaba.” Esa búsqueda de la originalidad que solicitaba Rubén para el estilo

que tan importante fue en la renovación de la lengua literaria de finales del siglo XIX y principios del siglo XX es la que tiene que guiarnos en el trabajo académico actualmente para que todos, de acuerdo con los interés comunes, caminemos con firmeza en la búsqueda de la originalidad tan difícil de encontrar en el mundo contemporáneo.

Sr. Presidente, con la memoria repleta con las bellas imágenes de Nicaragua  y el recuerdo del afecto instituciones y personas, le reitero de todo corazón mi agradecimiento más sincero por este honor tan alto.

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